Si preguntamos a dos personas que ven juntas la misma nube en el cielo qué forma tiene, probablemente recibamos dos respuestas muy diferentes. Lo mismo ocurre cuando preguntamos a dos CIOs cuál es su percepción de la nube pública. Entre los unicornios y los monstruos, pocos saben distinguir entre los cumulonimbos tormentosos y los estratocúmulos altos y ligeros.

En este entorno de rápida evolución, en busca de identidad, se han desarrollado varios mitos sobre la nube pública. Generalmente alimentado por la desinformación y también por el interés de quienes se sienten amenazados por el cambio de paradigma. Creo que vale la pena traer la percepción de empresas que ya han migrado a la nube y ahora pueden dar testimonio de lo que significa tener la mayoría de sus sistemas en este entorno invisible.

Mito #1

El primero de estos mitos se refiere al rendimiento de la nube. La queja es que muchas veces la nube no cumple con las expectativas de los usuarios y deja mucho que desear en cuanto a disponibilidad. El caso es que la mayoría de estas quejas provienen de empresas que han colocado sus sistemas en centros de datos más pequeños con diversas restricciones tecnológicas y que generalmente ofrecen soluciones de hosting donde el hardware es propiedad del cliente. Esta no es la realidad de la nube pública. En la nube de los principales proveedores como AWS, Google, Microsoft y Oracle, la cantidad de recursos es prácticamente ilimitada para la mayoría de los clientes y la calidad del servicio depende totalmente de las características y configuraciones que elija para su entorno.

El cielo es el límite en términos de rendimiento. Si algo no funciona correctamente, solo es cuestión de modificar los parámetros de los recursos para obtener más ancho de banda de tráfico, CPU, memoria y almacenamiento. Además, varias herramientas permiten trabajar en la arquitectura de la solución con el fin de hacerlas más fácilmente escalables y así disfrutar de un mejor rendimiento de forma optimizada y económica.

 

Mito #2

El segundo mito tiene que ver con la seguridad. Existe la percepción de que llevar datos y sistemas a la nube puede aumentar la exposición y la vulnerabilidad a las amenazas de seguridad. Aquí, una vez más, somos víctimas de implementaciones deficientes de soluciones de alojamiento que dicen ser en la nube, pero no ofrecen las características de seguridad básicas disponibles en grandes nubes públicas. La falta de conocimiento sobre los mecanismos de seguridad que están disponibles de forma nativa para todos los entornos también contribuye a esta percepción. Entre ellos, encontramos soluciones completas para aislamiento de sistemas, cifrado, prevención y mitigación de ataques, monitoreo y auditoría, además de un sistema de identificación y control de acceso extremadamente sofisticado y granular para todos los recursos de la nube.

Es sumamente difícil encontrar empresas que tengan este conjunto de herramientas permanentemente actualizado con SOC (Security Operations Center) automatizado y criterios tan estrictos de acceso físico a equipos como es el caso de los grandes proveedores de nube pública. Por lo tanto, se convierte en una cuestión de educación y conocimiento comprender que, en la mayoría de los casos, la migración a la nube representa una mejora en la seguridad general de las soluciones.

 

Mito #3

El tercer mito se refiere a los costos de la nube. Este tema puede resultar bastante complejo porque existen varios modelos para comprar los mismos recursos. Sin embargo, el mito de que la nube pública es más cara proviene de comparaciones deficientes con soluciones de hosting puro donde los recursos se asignan (compran) estáticamente con márgenes de crecimiento ya incluidos.

La cuestión fundamental es que en la nube pública podemos solicitar expansiones de forma inmediata y por tanto no tiene sentido preasignar recursos que no se estén utilizando. Como pagamos por las horas de uso, cada vez que un servidor está inactivo ya representa un ahorro. El objetivo es hacer que las cargas de trabajo funcionen de manera mucho más justa en relación con el consumo (dimensionamiento correcto) y utilizar la capacidad de escalar horizontalmente agregando más servidores en forma de clústeres de máquinas. Así, podemos crear y finalizar servidores a lo largo del día, ajustando su capacidad de servicio a lo que realmente se utiliza; quizás el ejemplo más simple sea simplemente programar el inicio y el apagado de los servidores que operan solo durante el horario comercial. En otras palabras, mediante el seguimiento, la automatización y el uso de herramientas que permitan el uso dinámico de los recursos, somos capaces de demostrar la economía de la nube.

 

Mito #4

El último está relacionado con la construcción de nubes híbridas (públicas / privadas) como estrategia para enfrentar la incapacidad de la nube pública para acomodar determinadas aplicaciones. Por supuesto, siempre habrá aplicaciones muy específicas y extremadamente difíciles de pasar a la nube, pero estas aplicaciones son mucho más raras que las que veo que se usan como justificación para mantener nubes privadas. Para ilustrar, podemos mencionar las soluciones que le permiten llevar los ERP a la nube de manera segura y eficiente. Estas son aplicaciones vitales para las empresas, a menudo escritas en tecnologías heredadas e interconectadas con varios otros servicios, pero que se han trasladado completamente a la nube con gran éxito.

Para la gran mayoría de las empresas, la infraestructura local estará restringida a las computadoras de los usuarios y al acceso a Internet que los interconecta a la nube. La parte privada de la nube híbrida aparece solo como una solución temporal para adaptarse a la incapacidad de llevar todo a la nube a la vez.